Martín Llaryora levantó la reunión que tenía prevista para este martes con la conducción de la CGT y comenzaron a desmoronarse las barreras políticas que la central obrera buscaba de la mano de los gobernadores contra la reforma laboral.
Fuentes sindicales dijeron que el cordobés canceló el encuentro en medio del recrudecimiento de la interna del peronismo de su provincia, donde las tensiones con Juan Schiaretti y la senadora Alejandra Vigo escalaron con fuerza en las últimas semanas. De la cita también iba a participar un enviado de Maximiliano Pullaro, sumando bronca a los gremialistas.
Desde el gobierno de Córdoba dijeron que no estaba en agenda tal reunión, pero hay gremialistas en Córdoba que sostienen que sí. «La reunión era a las 16, estaba agendada y todo», contestaron a LPO desde el triunvirato de la central obrera.
El encargado de expresar la furia de la CGT fue Pablo Moyano, en una entrevista concedida a Radio Gráfica. «Repudio a estos tipos que hacen campaña con Perón y Evita y después te cagan, y en la primera de cambio te votan todo en contra de los trabajadores», dijo el dirigente camionero.
El hijo del histórico líder de la CGT cargó contra los mandatarios y los legisladores que terminan siendo aliados del oficialismo. «¿Qué tenés que ir a explicarle a un gobernador o un senador del peronismo que es una ley en contra de los laburantes?», se quejó, y expresó su «repudio total al gobernador de Córdoba, de Tucumán, de Catamarca», en una enumeración vaga pero explícita que habría impactado de lleno en el Panal.
La CGT y los empresarios quieren postergar la reforma laboral para marzo
En ese contexto, se desinfló la convocatoria de los gobernadores al CFI, donde tenían la sala de conferencias reservada para acordar una estrategia unificada de oposición al capítulo fiscal de la reforma.
La Casa Rosada logró desactivar la confluencia de los gobernadores cercanos a Milei, bajo la promesa de diferir la rebaja de Ganancias a las empresas y, por ende, la reducción de la masa coparticipable para 2028. Esa propuesta ablandó a los caciques provinciales que suelen colaborar con el gobierno en las votaciones sensibles del Congreso y, al cierre de esta nota, apenas quedaban dispuestos a asistir al CFI los más identificados con el kirchnerismo: 5 jefes provinciales sobre un total de 24 jurisdicciones.
Jorge Sola, en el Senado.
El oficialismo confiaba al cierre de esta nota que tendría los votos para darle media sanción a la reforma el miércoles 11 de febrero. Patricia Bullrich se juntó este martes a sus colegas de bancada, alrededor de una mesa donde ofreció peras y manzanas pero pidió que se mantuviera a rajatabla la definición de voceros por tema, una forma elegante de exigir que guarden silencio.
Luego se encontró en las oficinas de la UCR con Eduardo Vischi, Carlos Arce, Edith Terenzi, Beatriz Avila, Martín Goerling y Carlos Camau Espínola, jefes de los bloques aliados. Sumando a los legisladores que representan, la exministra calcula que supera con holgura los 37 votos necesarios para aprobar la reforma.
De ahí, el entusiasmo en Balcarce 50. «La CGT solo defiende la negociación por rama o sector, para no perder fuerza en la representación de sus afiliados, pero nada más, ni las indemnizaciones», dijo a LPO una fuente al tanto de las conversaciones.
Por lo demás, también los senadores y los gobernadores peronistas facturan a la CGT la supuesta quietud frente al proyecto de ley libertario. El riojano Ricardo Quintela recibió este martes a los delegados de Camioneros, Jorge Reinoso, su par de los textiles, Eduardo Peña, y la docente Hilda Lucero y les reprochó la falta de movilización: «Ustedes son los que tienen la representación de los trabajadores, vayan y golpeen la puerta de esos gobernadores que mandan a sus diputados y senadores a votar en contra de los trabajadores», les encargó.
Acompañado por los senadores Florencia López y Fernando Rejal, del interbloque peronista en el Congreso, Quintela fue más duro que Moyano. «Si sacan la gente a la calle, que no sea para juntarse y aplaudir; si la sacan, no la vuelvan a meter hasta que no traigan algo más en el bolsillo», ordenó.


