La diputada nacional Natalia de la Sota pisó el acelerador y profundizó su estrategia de desmarcarse de Martín Llaryora y mostrarse como parte del armado post Milei que se articule en torno al peronismo nacional.
«Es una estrategia 50/50: vamos a ser parte de la reconstrucción que demandará el paso de Milei por el Gobierno y vamos a trabajar en el proyecto provincial; si Llaryora considera que aportará su proyecto, deberá ser él quien la llame», advierten en el hard delasotismo.
Esta planificación tuvo el miércoles su puesta en escena. Mientras el legislador provincial Bernardo Knipscheer, pareja de la diputada, votaba en contra de la ley impulsada por Llaryora para prohibir los «trapitos» (en Cordoba a los cuidacoches se los llama «naranjitas»), ella posteaba una foto junto a Leandro Santoro.
La jugada coordinada vuelve a poner en tensión la relación del delasotismo puro con el proyecto de Llaryora, que el miércoles sentó a dos diputados para contribuir con el quórum que necesitaba Javier Milei para la sanción de la ley de glaciares. Así, Ignacio García Aresca y Alejandra Torres se sentaron en sus bancas para habilitar la sesión.
Asi, al mismo tiempo que De la Sota tendía «puentes» con Santoro en Buenos Aires, el legislador provincial delasotista Knipscheer rechazaba de plano la ley impulsada por Llaryora para prohibir trapitos y limpiavidrios.
Aunque en su discurso no le pegó a Llaryora, el delasotista emparentó esta decisión con la intolerancia de los libertarios hacia los «caídos» del sistema por obra del Gobierno de Milei. «¿Què vamos a hacer más adelante, cuando haya más gente en la calle?», dijo Knipscheer al interpelar a sus (por ahora) compañeros de la bancada oficialista. «Sé que están incómodos», los chicaneó. «¿Van a salir a meter presa a la gente que perdió su trabajo, que cada día son más?», retrucó.
Así, De la Sota sostiene su armado provincial y advierte que la pelota está en cancha de Llaryora: «Si el gobernador considera que ella es importante para el peronismo de Córdoba y para su propia reelección, será él quien debe llamarla. Hasta ahora, apostamos al proyecto propio», dicen los delasotistas.
La advertencia no velada -«si es importante para su propia reelección»- se lee en clave de una eventual derrota del actual gobernador. De la Sota también está pensando en el 2031. Por ahora, en el peronismo cordobés nadie imagina un 2027 sin De la Sota.
Respecto del armado nacional, De la Sota busca incidir desde Córdoba. «Llaryora está entrampado con Milei; y Natalia construye con todos quienes están pensando en la Argentina que viene, que necesitará un modelo distinto al de Milei pero también distinto al pasado», agregan en el delasotismo.


