Mientras millones de inversores siguen concentrando su atención en NVDIA como la gran ganadora de la Inteligencia Artificial, en Wall Street empieza a crecer otra tesis de inversión: apostar por las empresas que fabrican la infraestructura óptica indispensable para que funcionen los centros de datos donde se entrenan y ejecutan los modelos de IA. En ese grupo aparecen cuatro nombres que cada vez suenan con más fuerza: Lumentum, Coherent, Fabrinet y Corning.
La idea parte de un cambio que comienza a modificar el negocio. Durante años la carrera tecnológica consistió en desarrollar procesadores cada vez más potentes. Ahora el desafío dejó de ser únicamente la capacidad de cálculo y pasó a ser la velocidad con la que miles de GPU pueden intercambiar información dentro de un mismo centro de datos.
«El mercado ya entendió quién fabrica los mejores chips. Lo que empieza a descubrir ahora es quién construye la infraestructura que permite que esos chips trabajen juntos», explicó a LPO el operador financiero Nicanor Zerbino. «Si la Inteligencia Artificial sigue creciendo al ritmo que proyectan las grandes tecnológicas, estas compañías podrían convertirse en algunos de los principales beneficiarios de la próxima etapa del ciclo.»
Dentro de ese universo, Zerbino considera que la apuesta más directa es Lumentum Holdings. La compañía desarrolla componentes ópticos que permiten transmitir información a muy alta velocidad entre servidores. Su negocio depende directamente de la expansión de los grandes centros de datos impulsados por Microsoft, Amazon, Google y Meta, por lo que ofrece una de las mayores exposiciones al crecimiento de la IA, aunque también una mayor volatilidad.
Otra de las empresas que aparece entre las recomendaciones es Coherent Corp. A diferencia de Lumentum, combina el negocio de la fotónica con tecnologías láser, materiales avanzados y aplicaciones industriales. Esa diversificación reduce parte del riesgo específico asociado a la Inteligencia Artificial, aunque también limita el impacto positivo que puede tener el boom de las inversiones en infraestructura tecnológica.
Una tercera alternativa es Fabrinet, una empresa especializada en fabricar y ensamblar componentes ópticos para múltiples compañías tecnológicas. Su modelo de negocios le permite beneficiarse del crecimiento de distintos clientes sin depender exclusivamente del éxito de un único producto o plataforma, una característica que, según el operador, la convierte en una forma de participar del crecimiento del sector con un riesgo más diversificado.
El cuarto nombre es Corning, uno de los mayores fabricantes mundiales de fibra óptica. Se trata de una compañía con un perfil más defensivo, pero considerada estratégica porque produce la infraestructura física que permite transportar la información mediante pulsos de luz entre servidores. Sin fibra óptica, los centros de datos de nueva generación no podrían alcanzar las velocidades que exige la Inteligencia Artificial.
La explicación detrás de estas recomendaciones está en la fotónica, una tecnología que utiliza la luz para transmitir información en lugar de señales eléctricas. Aunque durante años estuvo asociada principalmente a las telecomunicaciones, ahora comienza a expandirse dentro de los propios centros de datos, donde la demanda de velocidad y eficiencia energética crece de manera acelerada.
El cambio responde a una necesidad concreta. Los nuevos modelos de Inteligencia Artificial requieren que miles de GPU trabajen en paralelo intercambiando información de manera permanente. Si esas conexiones no son lo suficientemente rápidas, gran parte de la capacidad de cálculo queda desaprovechada. Ese cuello de botella es el que explica por qué la infraestructura óptica empieza a ocupar un lugar central en las estrategias de inversión.
La tendencia también se refleja en la industria. El fabricante europeo ASML anunció el desarrollo de una nueva plataforma para producir chips fotónicos a escala industrial junto con el centro de investigación TNO. El objetivo es acelerar la fabricación masiva de componentes capaces de transmitir datos mediante luz para abastecer la creciente demanda de centros de datos, redes de telecomunicaciones, computación cuántica y otras aplicaciones de alta complejidad.
Para los analistas, ese anuncio confirma que la fotónica dejó de ser una tecnología reservada a laboratorios para transformarse en un negocio con potencial comercial. A medida que aumentan las inversiones en Inteligencia Artificial, también crece la necesidad de contar con redes ópticas más rápidas y eficientes para conectar millones de procesadores.
Los grandes operadores tecnológicos ya anunciaron inversiones récord para ampliar sus centros de datos durante los próximos años. Esos desembolsos no sólo implican comprar más GPU de NVIDIA o AMD, sino también incorporar miles de kilómetros de fibra óptica, transceptores y componentes capaces de conectar todos esos procesadores sin perder velocidad ni eficiencia.
«En la última década el mercado ganó mucho dinero identificando a los fabricantes de chips. La próxima etapa podría estar en quienes construyen la infraestructura que hace posible ese negocio», señaló Zerbino a LPO. «La mayoría sigue mirando a NVIDIA porque es la cara visible de la IA, pero detrás hay toda una cadena de valor que todavía está subvaluada. Si la inversión en centros de datos continúa acelerándose, empresas como Lumentum, Coherent, Fabrinet y Corning podrían captar una parte importante de ese crecimiento.»



