«Está más parecido al Gallego. Qué hacía De la Sota… iba, armaba el acto institucional con el intendente del pueblo y a la salida juntaba a todos los dirigentes nuestros de la región. Se comía el asado y te lo servía él». La frase la reconoció un intendente del peronismo que, como varios, tenía una relación fría con el gobernador Martín Llaryora.
Hay un cambio en el estilo del mandatario cordobés desde el arranque de este 2026. A diferencia de lo que sucedía en la primera parte de la gestión, donde arropó más a los intendentes del radicalismo y otras fuerzas en la construcción del Partido Cordobés, lo que motivó miradas de reojo y queja por el reparto de recursos de parte de los peronistas, en el comienzo de este año la peronización de Llaryora dentro de los límites provinciales empezó a surtir efecto.
Primero, con el desembarco de dirigentes del PJ puro con mayor presencia en la capital cordobesa para una intervención por arriba, con los nombramientos de Miguel Siciliano como ministro de Vinculación y Marcelo Rodio a cargo de Cultura; luego con el arribo de intendentes del peronismo a la Provincia, como se produjo con el hombre de Alta Gracia, Marcos Torres -un peronista puro- a una cartera sensible como la de Desarrollo Social.
Para alinear al peronismo, Llaryora suma intendentes al Gobierno
Y ahora con esta cercanía que empieza a plantear Llaryora en el interior con la dirigencia. A diferencia de lo que ocurrió en la primera parte con las recorridas, que eran cortas y casi sin contacto con la tropa local; ahora se instala unos días. Pasó en todos los recorridos de obra o actividades institucionales que se hicieron en las últimas semanas.
Los que conocen las entrañas del peronismo cordobesista admiten que hay dos preocupaciones: el factor Natalia de la Sota, en caso de que no arribe a una fórmula nacional y decida disputar la Provincia; y otra, tal vez más preocupante, es la aspiradora que empezaron a pasar los libertarios. Al diputado Gabriel Bornoroni, el nuevo macho alfa de la oposición cordobesa, lo llaman dirigentes del radicalismo y del PJ de una manera mucho más asidua de la que creen las autoridades de esas fuerzas en la provincia.
También existe un factor del que se habla poco en la capital cordobesa, aunque se percibe en el interior: la interna entre distintas generaciones o facciones del PJ. Por ejemplo, en Río Segundo hay una fuerte tensión entre dirigentes que le responden a Llaryora y otros que son referentes absolutos del exgobernador Juan Schiaretti. Situación similar a la que se vive en Río Cuarto.
En Traslasierra no hubo un reordenamiento después de la caída al ostracismo de Oscar González, quien fuera la tercera autoridad provincial en tiempos de Schiaretti.
Y una situación tensa se vivió esta semana en Calamuchita con los que están con el llaryorismo de la primera hora, los que se acercaron vía el ministro Manuel Calvo y los que, por la misma vía, se acercaron al esquema del Panal hace unos meses como es el excandidato a gobernador del kirchnerismo, Federico Alesandri.
Hay pujas que la delasotización de Llaryora todavía debe resolver.


