Abundan en la Argentina las lecturas apresuradas sobre como la guerra en Irán abre una oportunidad única a Vaca Muerta para proveer de gas vía barcos de GNL a Europa y Asia, ante el cierre del estrecho de Hormuz y la destrucción de parte de la infraestructura gasífera de los países del golfo.
Sin embargo, a la hora de bajar esos análisis geopolíticos ligeros a la realidad de los números, los empresarios observan que la macroeconomía argentina todavía tiene límites que le impiden atraer inversiones de las dimensiones que necesita un proyecto grande para exportar GNL.
Así, varios de los empresarios más importantes del país bajan la expectativa y miran la geografía más cercana. El CEO de Tecpetrol, Ricardo Markous, decidió correrse de la carrera por el gas natural licuado a gran escala. Y expuso los límites del modelo.
Tecpetrol, el brazo petrolero del grupo Techint de Paolo Rocca, tomó distancia de la euforia por el GNL. Markous lo dejó claro: hoy no están dadas las condiciones para producir GNL en volumen. No es una discusión técnica. Es financiera.
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El plan de la compañía apunta a ampliar la infraestructura para exportar gas por gasoductos hacia Brasil. Es decir, vender moléculas, no licuar y embarcar. Eso requiere obras. Gasoductos, plantas de compresión, interconexiones, pero de un costo mucho menor a las decenas de miles de millones de dólares que cuesta una planta de licuefacción de escala global.
En esa misma línea se empiezan a ubicar otros jugadores. La francesa Total Energies también prioriza llegar por ducto al corazón industrial de San Pablo. Mientras que CGC, la firma de Eurnekian evalúa un proyecto con salida por Chile, en principio también basado en exportar gas como molécula, a través del gasoducto Transandino.
El giro es realista. Desarrollar GNL a escala implica inversiones gigantes. Muy por encima de lo que hoy puede absorber la Argentina. Ni siquiera si entraran todos los dólares prometidos por el RIGI alcanzaría. Producir, licuar, transportar y exportar en barcos demanda decenas de miles de millones de dólares. Es otra liga.
Por ahora sólo YPF mantiene la apuesta por el GNL a gran escala. Desde la caída del acuerdo con Petronas, la petrolera de mayoría estatal avanzó en un rediseño del esquema. Salió a buscar nuevos socios internacionales y estructuró un modelo en etapas, con plantas modulares y participación de distintas compañías. Pero el problema central sigue intacto: conseguir el financiamiento que permita escalar. Hasta ahora la apuesta más concreta es con la italiana ENI, pero falta el cierre financiero.
En este contexto, el único proyecto de GNL con algún grado de concreción es el de Southern Energy, impulsado por Pan American Energy junto a YPF, Pampa Energía, Harbor Energy y la noruega Golar. La iniciativa contempla en su primera etapa la instalación del buque de licuefacción Hilli Episeyo en Río Negro, con una capacidad de 2,45 millones de toneladas anuales, a partir de 2027. Ese proyecto ya tiene un ancla comercial concreta. El consorcio firmó con la alemana SEFE un contrato para exportar 2 millones de toneladas de GNL por año durante ocho años, lo que equivale a más del 80% de la capacidad del primer buque. Es decir, prácticamente toda la producción inicial ya está colocada. El acuerdo podría superar los USD 7.000 millones a lo largo de los ocho años que dura el contrato.
Es un primer paso importante, pero está lejos de los grandes proyectos como el de Petronas que planteaba inversiones superiores a los USD 30.000 millones y que contemplaba una planta de licuefacción, similar a la de los países del Golfo. Algo muy distinto a los buques.
El proyecto total de Southern Energy, con dos buques funcionando en 2029, apunta a unos 6 millones de toneladas anuales. Es una escala menor frente a los grandes jugadores globales. Fausto Caretta, director de la PAE, lo definió sin rodeos: «esto es apenas meter los pies en el agua». Y el dato es clave: hicieron falta cinco socios, de los cuales tres son locales, para llegar a un desarrollo que, en términos globales, sigue siendo chico.
La discusión de fondo ya está planteada: ¿Exportar gas como molécula por gasoducto a mercados regionales o apostar a jugar en el mercado mundial de GNL? El dilema no es técnico. Markous lo repite en cada foro. Para que el Vaca Muerta despegue a su máximo potencial, el país necesitaría invertir unos 20.000 millones de dólares por año.
El ex secretario de Energía Emilio Apud coincide que el principal escollo para el desarrollo de la cuenca hidrocarburífera es el financiamiento. «Las tasas para financiar proyectos en Argentina son altísimas», señaló Apud a LPO. De todas formas, según el ex secretario el país tiene que apostar a convertirse en un proveedor seguro de este insumo clave tan demandado por el mundo «El objetivo tiene que ser venderle a Asia y a Europa», afirma.
Flavia Royón, ex titular de la cartera y actual senadora salteña, coincide. Royón cree que el objetivo tiene que ser insertarse en el mercado global, aunque remarcó que la estrategia regional de Tecpetrol no es excluyente. «Bienvenidas las exportaciones, de la forma en que cada empresa lo considere mas beneficioso», afirmó Royón en diálogo con LPO.
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