Mientras el mercado seguía de cerca la suba del dólar oficial desde la zona de los $1.400 hasta acercarse a los $1.450, el Banco Central desplegó una intervención menos visible que las habituales ventas de reservas o las operaciones en futuros. Según un informe de la consultora 1816, la autoridad monetaria habría utilizado bonos dólar linked para contener la presión cambiaria.
La novedad llamó la atención de los operadores porque, al mismo tiempo que buscaba evitar una mayor aceleración del tipo de cambio, el Central continuó comprando divisas en el mercado. De hecho, el reporte destaca que la entidad acumula más de 100 ruedas consecutivas con saldo comprador.
La intervención no se habría realizado en el mercado spot, donde el BCRA siguió adquiriendo dólares, ni tampoco en futuros, donde la posición vendida de la entidad se redujo considerablemente tras el vencimiento de mayo. La herramienta elegida habría sido la venta de títulos ajustados por la evolución del dólar oficial.
Según las estimaciones de 1816, el Banco Central podría haber vendido cerca de USD 900 millones en bonos TZV26 durante apenas cinco ruedas. El dato surge de los volúmenes operados y de movimientos monetarios detectados en el sistema financiero.
La operación tuvo un doble efecto. Por un lado, aumentó la oferta de instrumentos vinculados al dólar y ayudó a moderar la demanda cambiaria. Por otro, incrementó el stock de deuda dólar linked en manos privadas, que según la consultora ya volvió a niveles similares a los observados antes de las elecciones legislativas del año pasado.
El titular del BCRA, Santiago Bausili
Lo llamativo es que semejante volumen de ventas no provocó tensiones significativas en las tasas de corto plazo. Para los analistas, esto se explica por el elevado nivel de liquidez que todavía conserva el sistema financiero, alimentado además por las operaciones de absorción que realiza el propio Banco Central.
Martín Burgos, director de la consultora Lado B, consideró que la utilización de este tipo de instrumentos resulta razonable en el contexto actual. «Es correcto usar dólar linked para contener al dólar. Muchas veces el proceso de importaciones que tienen que hacer las empresas requiere un flujo de dólares futuro y eso hace que las compañías se vuelquen al ahorro en dólares, generando presión sobre la divisa», explicó.
Para Burgos, en ese escenario la utilización de bonos atados al tipo de cambio permite descomprimir tensiones sin recurrir a las reservas internacionales. «Es una forma de evitar presión sobre el precio del dólar sin deshacerse de reservas», afirmó.
La estrategia aparece además en un momento en el que el Gobierno intenta reducir gradualmente su exposición en el mercado de futuros. Tomás Sisto Bourel, research & investment analyst de Fortress Capital, destacó que al 30 de abril el Banco Central mantenía una posición vendida en contratos de dólar futuro por USD 2.176 millones, el nivel más bajo desde junio de 2025.
Según el analista, la reducción de posiciones en futuros coincidió con un crecimiento de la operatoria en instrumentos dólar linked. «Una de las hipótesis que empieza a ganar relevancia es que parte de la cobertura cambiaria que antes se canalizaba a través de futuros está migrando hacia instrumentos dólar linked», sostuvo. La interpretación surge a partir del aumento observado en los volúmenes negociados durante las últimas semanas.
Sisto Bourel agregó que estas colocaciones también tienen un efecto monetario relevante. Al absorber pesos del mercado, ayudan a retirar liquidez del sistema financiero, complementando la estrategia que viene desplegando el Banco Central para evitar excesos de pesos que puedan trasladarse a la demanda de dólares.
En paralelo, las compras de divisas continúan fortaleciendo la posición externa. De acuerdo con las estimaciones de 1816, las reservas netas medidas bajo la metodología del FMI acumulan una mejora cercana a los USD 6.800 millones en lo que va del año, acercándose a la meta comprometida con el organismo.
La lectura que hacen algunos operadores es que el Gobierno empieza a mostrar una mayor flexibilidad respecto del tipo de cambio. El hecho de haber permitido una suba desde los niveles previos, aunque controlada mediante intervenciones indirectas, sugiere que el Ejecutivo ya no considera al dólar un ancla que deba mantenerse inmóvil a cualquier costo.
La incógnita ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse este esquema. Por lo pronto, el Banco Central parece haber encontrado una herramienta para influir sobre el mercado cambiario sin recurrir a ventas de reservas ni volver masivamente al mercado de futuros. Una ventanilla poco observada por el público, pero cada vez más seguida por los operadores financieros.

